Flash News
RSS
Menu

¡Detente, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo!

Era el año de 1870, tiempo de pruebas y lágrimas para el pontificado del Papa Pio IX. Se cuenta que una señora romana, después de consagrar al Sagrado Corazón y a la Santísima Virgen a su hijo que partía para la guerra, al darle su bendición le entregó un «Detente» que ella misma dibujo sobre un pedazo de paño rojo diciéndole: "Él te devolverá sano y salvo a mi cariño". El joven asistió a reñidísimos combates, las balas silbaban a su alrededor, ya están muertos las tres primeras filas, sus compañeros de derecha e izquierda habían caído; una bala llegó también a su pecho donde tenía el «Detente» y allí se detuvo. Minutos después un refuerzo de tropas llegó a asegurar la victoria y el hijo volvió a abrazar a su madre, quien contó lo ocurrido al Santo Padre el Papa, recibiendo por respuesta estas palabras: «¡Detente, el Corazón de Jesús está conmigo! » Y el Papa añadió bendiciéndolo: «Doy mi bendición a este Corazón de Jesús y quiero que todo lo que se haga conforme a este modelo reciba esta misma bendición sin que tengan necesidad de ninguna otra».

Luego el mismo Pio IX dictó la siguiente oración:
Ábreme oh buen Jesús,
las puertas de tu Sagrado Corazón,
úneme a Él para siempre.
Que todas las respiraciones y
palpitaciones de mi pobre corazón aún
cuando esté durmiendo, te sirvan de
testimonio de mi amor y te digan sin
cesar: Señor, te amo.
Recibe el poco bien que yo hago,
y dame tu santa gracia para reparar
todo el mal que he hecho.
Para que te ame en el tiempo y te alabe
por toda la eternidad, Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

La devoción a Jesucristo es la consagración de todo nuestro ser y de toda nuestra actividad a la persona del Verbo encarnado, abstracción hecha de tal estado particular de la persona de Jesús o de tal misterio especial de su vida. Por esta devoción a Jesucristo, nos daremos a la tarea de conocer, honrar y servir al Hijo de Dios que se manifiesta en nosotros por su santa humanidad.

La devoción al detente es santa como santo es el culto y el amor a Jesucristo. Es fructuosa por las virtudes que ejercita de fe, oración y esperanza, y por las grandes gracias y favores que se han obtenido y se obtienen de su uso. El Detente significa: ¡Detente Satanás, tentación, pasión, peligro, enemistad, tristeza, penas, Infierno... que el Corazón de Jesús, mi Dios, mi Redentor, mi amor, mi esperanza, mi TODO... está conmigo!

Llevar el detente del Sagrado Corazón y llevarlo con fe, es lo mismo que si lleváramos un escudo contra toda clase de peligros.

Comparte con el mundo!

0 comentarios:

Publicar un comentario