- Amarse de todo corazón sin excluir a Dios y a los demás.
- No tomar en vano el nombre del amor, ni profanarlo con el egoísmo.
- Santificar el noviazgo con miras a un hogar humano y santo.
- Seguir amando a los padres, pero sin dejarlos que lancen dardos que hieren y separan.
- No matar la ilusión de la paternidad responsable, ni dejarse ilusionar por nada extramatrimonial que divida y disuelva el mutuo amor.
- Conservar la castidad propia del noviazgo, que prepare para la castidad matrimonial.
- No robar modelos imperfectos y podridos de la pantalla, de las novelas, de la vida real.
- No creer calumnias ni chismes que destruyan el hogar, separan los corazones, y terminan separando los cuerpos de los esposos.
- No desear sino lo que acerca y une, y buscar cuanto da fuerza y santifica el amor y la unión entre los esposos con los hijos y con todos.
- No codiciar ni aspirar a más de lo que da la vida y puede brotar de la realidad económica y física del propio matrimonio

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